
Pintor vanguardista holandés nacido en Amersfoort en marzo de 1872 y fallecido en Nueva York en febrero de 1944, fue considerado el precursor del Neoplásticismo, corriente artística que irrumpe en la escena de la plástica a finales de la década de los 10´s, y que proponía despojar al arte de todo elemento accesorio en un intento de llegar a la esencia a través de un lenguaje plástico objetivo y, como consecuencia, universal.
Su obra se caracteriza por una constante evolución que parte desde el naturalismo y el simbolismo, donde las imágenes de su Holanda natal -tratadas al estilo impresionista- serán íconos recurrentes, hasta llegar a la abstracción de la cual es el principal representante junto a los rusos Vasili Kandinski (1866-1944) y Kazimir Malévich (1878-1935).
Tal abstracción se apodera del estilo pictórico de Mondrian, primero mediante la síntesis del color en la primera década de 1900, cuando su paleta después de ser casi fauvista, empieza a mostrar un empleo cada vez mayor de los colores primarios; y después a través de la síntesis de la forma, cuando estando en París a principios de la década de los 10´s, recibe altamente la influencia cubista.
Ya de lleno en la abstracción geométrica, Mondrian trata de encontrar la estructura básica del universo, una supuesta “retícula cósmica” que intenta representar con el blanco puro atravesado por una trama de líneas negras, y dentro de la trama, planos geométricos por lo general rectangulares, de los colores primarios (considerados por Mondrian como los colores elementales del universo), que se extienden a lo largo y ancho de la superficie mediante una determinada disposición, enriquecen la composición de la pieza, la cual es leída como una unidad, producto de la suma de las partes.
Encontramos aquí varios aspectos de gran interés para el presente trabajo de investigación; por un lado tenemos el empleo recurrente de una serie de líneas negras paralelas y perpendiculares -cuya relación de distancia no es constante entre ellas-, que describen una especie de malla que divide de manera no homogénea el área a utilizar, lo cual compositivamente hablando, pudiera tomarse como una ventaja, al generar una suerte de prioridad visual según las diferentes áreas que delimiten las líneas. Es decir, los elementos que requieran una atención inmediata, pudieran ser colocados de manera directa en las superficies de mayor tamaño, pero también pudiéramos “esconder” en los pequeños segmentos, las piezas claves que le den significación al conjunto, para obligar al espectador a recorrer minuciosamente la obra. En otras palabras, esta multiplicidad de combinaciones existente, es un recurso que esta latente y con el cual podemos jugar para sacarle tanto provecho como sea posible.
Por otra parte, los microuniversos –término con el cual podríamos referirnos a las diferentes áreas delimitadas por las líneas negras- vienen a ser como pequeños lienzos que integran uno mayor, y dentro de los cuales pueden suscitarse una serie de situaciones particulares, y la lectura de cada uno de ellos continúa manteniendo su autonomía, gracias al impecable contorno que estos presentan.
A diferencia de Mondrian, no nos interesará trabajar con planos de colores únicamente, sino que además deseamos integrar dentro de algunos de estos espacios, imágenes provenientes de diversos medios (entre ellos la fotografía), así como también textos que bien pudieran ser manuscritos o tipografiados que pudieran agregarse mediante la digitalización de los mismos en el caso de las piezas digitales, o interviniendo directamente la superficie en el caso de las piezas físicas. Sin embargo al igual que él lo hace, la idea es que la lectura de estos microuniversos no sea aislada -por mas independientes que estos sean-, sino que, trataremos de elaborar un discurso compositivo que lleve al conjunto de elementos participantes a comportarse como un todo.
Su obra se caracteriza por una constante evolución que parte desde el naturalismo y el simbolismo, donde las imágenes de su Holanda natal -tratadas al estilo impresionista- serán íconos recurrentes, hasta llegar a la abstracción de la cual es el principal representante junto a los rusos Vasili Kandinski (1866-1944) y Kazimir Malévich (1878-1935).
Tal abstracción se apodera del estilo pictórico de Mondrian, primero mediante la síntesis del color en la primera década de 1900, cuando su paleta después de ser casi fauvista, empieza a mostrar un empleo cada vez mayor de los colores primarios; y después a través de la síntesis de la forma, cuando estando en París a principios de la década de los 10´s, recibe altamente la influencia cubista.
Ya de lleno en la abstracción geométrica, Mondrian trata de encontrar la estructura básica del universo, una supuesta “retícula cósmica” que intenta representar con el blanco puro atravesado por una trama de líneas negras, y dentro de la trama, planos geométricos por lo general rectangulares, de los colores primarios (considerados por Mondrian como los colores elementales del universo), que se extienden a lo largo y ancho de la superficie mediante una determinada disposición, enriquecen la composición de la pieza, la cual es leída como una unidad, producto de la suma de las partes.
Encontramos aquí varios aspectos de gran interés para el presente trabajo de investigación; por un lado tenemos el empleo recurrente de una serie de líneas negras paralelas y perpendiculares -cuya relación de distancia no es constante entre ellas-, que describen una especie de malla que divide de manera no homogénea el área a utilizar, lo cual compositivamente hablando, pudiera tomarse como una ventaja, al generar una suerte de prioridad visual según las diferentes áreas que delimiten las líneas. Es decir, los elementos que requieran una atención inmediata, pudieran ser colocados de manera directa en las superficies de mayor tamaño, pero también pudiéramos “esconder” en los pequeños segmentos, las piezas claves que le den significación al conjunto, para obligar al espectador a recorrer minuciosamente la obra. En otras palabras, esta multiplicidad de combinaciones existente, es un recurso que esta latente y con el cual podemos jugar para sacarle tanto provecho como sea posible.
Por otra parte, los microuniversos –término con el cual podríamos referirnos a las diferentes áreas delimitadas por las líneas negras- vienen a ser como pequeños lienzos que integran uno mayor, y dentro de los cuales pueden suscitarse una serie de situaciones particulares, y la lectura de cada uno de ellos continúa manteniendo su autonomía, gracias al impecable contorno que estos presentan.
A diferencia de Mondrian, no nos interesará trabajar con planos de colores únicamente, sino que además deseamos integrar dentro de algunos de estos espacios, imágenes provenientes de diversos medios (entre ellos la fotografía), así como también textos que bien pudieran ser manuscritos o tipografiados que pudieran agregarse mediante la digitalización de los mismos en el caso de las piezas digitales, o interviniendo directamente la superficie en el caso de las piezas físicas. Sin embargo al igual que él lo hace, la idea es que la lectura de estos microuniversos no sea aislada -por mas independientes que estos sean-, sino que, trataremos de elaborar un discurso compositivo que lleve al conjunto de elementos participantes a comportarse como un todo.
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